La insoportable levedad del ser - Un diván de Cine
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la insoportable levedad del ser

La insoportable levedad del ser

“¿Qué es la coquetería? Podría decirse que es un comportamiento que pretende poner en conocimiento de otra persona que un acercamiento sexual es posible, de tal modo que esta posibilidad no aparezca nunca como seguridad. Dicho de otro modo: la coquetería es una promesa de coito sin garantía“.

 

Así lo plasmaba en las primeras páginas de la versión literaria  Milán Kundera -uno de los escritores situados en mi lista blanca-, autor de La Insoportable Levedad del Ser.  Historia complicada esta donde las haya. De esas con las que uno siente que quizá no esté a la altura de comentar, pero a pesar de ello concederse el desafío de hacerlo.  Según fuentes wikipédicas la obra se puede analizar en cuanto a varios factores, el factor histórico-político, el factor filosófico, psicológico, artístico, y el factor que relata las acciones de los personajes.

 

Omitiré las primeras y me limitaré a hablar únicamente de la parte más liviana. De hecho os remito a la novela del mismo título como fuente ineludible de información a mi juicio un poco escasa  en la película  –a pesar de sus casi tres horas de metraje-. El autor/director repasan, a través de la vida de dos parejas, toda la historia reciente de Checoslovaquia y plantea sus permanentes interrogantes existenciales.

 

Dirigida por el director y guionista Philip Kaufman (1936), creador de Elegidos para la gloria (1983), Henry y June (El diario íntimo de Anaïs Nin) (1990), o Quills (2000) entre otras.

Photo by The Saul Zaentz Company – © 1988

Tomas, al que da vida un enigmático y de mirada hipnótica y hechicera Daniel Day-Lewis, cirujano muy mujeriego y que disfruta de una prestigiosa carrera en el extranjero, conoce un día a su compatriota Tereza, una frágil y naïf Juliette Binoche en sus ya prometedores comienzos, que acaba transformando su vida. Tomas la sigue a su país de origen, Checoslovaquia.

Photo by The Saul Zaentz Company – © 1988

La película pasa revista a otros personajes, como la pintora Sabina interpretado por una sensual, sofisticada y sexy Lena Olin, –en contraposición con el personaje de Binoche, mujer de belleza pura y provinciana– que la lleva a una existencia vacua, sin raíces, desleal, o Franz papel interpretado por Derek de Lint,  amante pasajero de Sabina, inestable, en una perpetua búsqueda de una vida que valga la pena ser vivida. Y por último Karenin, mascota de Tomas y Teresa. Es un punto de unión y reflexión en la relación de la pareja.

Photo by The Saul Zaentz Company – © 1988

Vale la pena y mucho, disfrutar de esta fábula amorosa llena de magia, color y música que te transportará a un escenario onírico y sagaz al que nos tiene acostumbrados el autor de La Insoportable Levedad Del Ser.

 

Por supuesto destacar el genial trabajo del fotógrafo sueco Sven Nykvist, director de fotografía de algunas de las mejores películas de Igmar Bergmanotro de los grandes-.

 

También la música que confiere a la película ese ambiente bucólico y a veces asfixiante, del compositor Mark Adler, responsable de la banda sonora de Amadéus y El Padrino III, entre otras.

 

Para todos los amantes de la sensualidad femenina, y de la excelente interpretación, a mi juicio, de sus actores principales, que con el tiempo han ido cosechando importante éxitos en su profesión.  Aquí dos de mis escenas favoritas:

Escena de Tomas con Sabina

S: ¿Nunca pasas la noche en casa de una mujer?

T: Nunca.

S: ¿Qué pasa cuando una mujer se queda en tu casa?

T: Le digo que me da insomnio. Lo que sea.

S: ¿Le asustan las mujeres, doctor?

T: Por supuesto.

S: Me gustas de verdad Tomas. Eres la antítesis del kitsch. En el reino del kitsch serías un monstruo. No, espera…

T: Sabina, tengo que irme.

Photo by The Saul Zaentz Company – © 1988
Escena de Tomas con Tereza

T: ¿Qué pasa, Tereza?

T: Estaba soñando. Estaba en su casa. En casa de Sabina. En su estudio. Y estabas haciendo el amor con ella. En esa cama tan grande que tiene. Me obligabas a quedarme en la pared, sin moverme. Me obligabas a mirar. Y me dolía tanto verte que empecé a clavarme agujas debajo de las uñas, para parar el dolor de mi corazón. Me dolía mucho. ¿Por qué me lo hiciste?

T: Sólo era un sueño. Trata de dormir.

T: No puedo dormir.

T: Sí, sí puedes. Ven aquí.

T: No puedo dormir.

T: Puedes dormir. Duerme en mis brazos. Como un pajarito. Como una escoba entre escobas, en un armario de escobas. Como un lorito. Como un silbido. Como una cancioncita. Una canción cantada por un bosque. En un bosque. Hace miles de años.

Photo by The Saul Zaentz Company – © 1988

Y es que hay etapas y etapas en nuestras  vidas, y hubo una en la que sin motivo o asombro aparente topé con esta genial obra en la bibliografía de Milán  Kundera. Después le siguieron El libro de los amores ridículos La  inmortalidadentre otras-.

 

Me despido con otra de las míticas frases de Kundera:

 

<<Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento. >>

 

Por cierto, ¿qué modelo de cámara usaba Tereza para tomar sus fotos?

Trailer

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